Empleadas domésticas latinas en frontera de EE.UU. sufren abusos y amenazas

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinby feather Austin (EE.UU.).- Las trabajadoras hispanas del hogar que viven en la región fronteriza de Texas con México, en su mayoría inmigrantes, sufren altas tasas de robo de salarios, abusos tanto físicos como psicológicos e inseguridad migratoria, según reveló este martes un estudio.

El informe “Vivir en las sombras”, en el que participaron varias organizaciones especializadas en la materia, señala que al menos dos tercios (67 %) de las trabajadoras no tienen contrato, provocando desigualdades en la relación laboral y un posible abuso de autoridad por parte del empleador.

Este es el caso de Irma Morales, una de las 516 mujeres entrevistadas, que llegó a Texas para “buscar una vida mejor”, aunque “desafortunadamente” encontró a una familia que se aprovechó de su “ignorancia”.

Morales, mexicana, vivió durante cuatro años en una habitación dentro de la casa de sus empleadores que solo le permitían salir a la calle “para que sacara la basura o recoger el periódico”.

“Mi jornada comenzaba a las 06.00 de la mañana y no tenía hora de comida porque tenía que ocuparme de toda la casa, los empleadores llegaban a casa hacia las 02.00 o 03.00 de la madrugada, y por todo ello cobraba 160 dólares a la semana sin días libres”, detalló en una conferencia.

La consultora estratégica de la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar (ANTH) y una de las autoras del estudio, Linda Burnham, explicó a Efe que la situación es aún más complicada en el caso de las inmigrantes indocumentadas.

“Los empleadores amenazan con llamar a los servicios migratorios si no cumplen sus exigencias, un hecho todavía más real con la política actual del Gobierno, por eso, aceptan las malas condiciones de explotación”, comentó Burnham.

Sin embargo, el aspecto que más “sorprendió” al realizar dichas entrevistas a las trabajadoras fue descubrir que “incluso son físicamente agredidas”, con un 11 % en el sector de las cuidadoras de personas y un 19 % en las limpiadoras de casas.

Maltratos que, según el estudio, derivan en presiones psicológicas y gritos (20 %) o amenazas en relación a su situación migratoria en el país (28 %).

“No hay una explicación racional para que ello ocurra, la cuestión es que hay trabajadoras que encuentran trabajos con buenas personas, pero no podemos olvidar casos contrarios donde se aplica la crueldad”, matizó la autora.

El estudio recogió datos desde el 2015 hasta la actualidad, por lo que los investigadores comprobaron la evolución de su situación tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

En este sentido, la directora ejecutiva de A.Y.U.D.A. Inc, Olivia Figueroa, admitió a Efe que “con esta Administración se ha disparado el temor en las trabajadoras”.

La activista, cuya organización colaboró con el estudio en la región de El Paso (Texas), mostró su preocupación por las “delicadas” condiciones laborales “cercanas a la esclavitud” de las trabajadoras.

Las cifras reflejan que la mayoría de las empleadas trabajan más horas de las acordadas y les obligan a realizar tareas que no les advirtieron (60 %) en el momento de la contratación.

“Uno viene a buscar trabajo y piensa que viene un mejor futuro a este país, al sueño americano, pero realmente viene a vivir en esclavitud”, lamentó Figueroa.

Otra de las autoras del estudio y responsable comunitaria de la asociación Fuerza del Valle de Texas, Rosa Sanluis, explicó que el salario de la región es el más bajo del país: en torno a los dos dólares por hora, una cantidad pírrica para mantener una calidad de vida digna.

Esta situación económica generó que el 44 % de las trabajadoras del hogar no haya podido pagar el alquiler en el último año, que el 53 % no haya podido hacer frente a las facturas médicas cuando ellas mismas o alguien de su familia enfermó, y que el 37 % haya pasado hambre por no poder comprar alimentos.

Este es el caso de Claudia Sánchez, quien trabajó durante cinco años cuidando a una señora con alzheimer y diabetes, entre otras enfermedades, con una salario de 200 dólares a la semana “por una jornada de 24 horas”, cuya familia en ocasiones se retrasaba en el pago hasta tres semanas.

Ello provocó que “varias veces” tuviera que pedir préstamos para comprar comida no solo para ella y su hijo, sino también para la señora de la que se hacía cargo en el Valle del Río Grande.

“Al principio me dijeron que ellos traerían los alimentos y los medicamentos para ella, pero nunca fue así; más tarde me rebajaron el salario a 150 dólares acusándome de trabajar poco y, aunque me enfadé mucho, seguí trabajando porque no tenía otro lugar al que acudir”, concluyó Sánchez.EFEFacebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinby feather