Aristides Aquino: “Yo confiaba en mi talento, solo necesitaba el chance”

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Santo Domingo

Permanecer siete años en las Menores, en uno de ellos ser apartado por Cincinnati del roster de 40 jugadores, no mermaron el hambre de Arístides Aquino por honrar el apodo de The Punisher (El Castigador), que años atrás le había nombrado un viejo amigo, deleitado por sus enormes batazos.

No importaba el ruido que con sus jonrones provocaba en los circuitos minoritarios, no existía una plaza para el fornido jugador en los jardines de Cincinnati, aunque su producción de 28 vuelacercas en 290  turnos en Triple A empujaban para que  ocurriera de esta forma.

 Aquino ha tenido que trabajar mucho, siempre amaparado en el amor de su familia y su padre, con oficio de taxista.

Solo una negociación al filo de cumplirse el plazo, en que los Rojos enviaron a Yasiel Puig y su rosario de hechos problemáticos a los Indios, abrió espacio para que un veterano en las Menores, con 25 años de edad aterrizara en el club de 119 años de historia, con 28 vuelacercas como carta de presentación y el gran reto para demostrar que también en Grandes Ligas puede convertirse en un atacante con el alcance de despiadado.

“Nunca bajé la cabeza, sabía que la oportunidad de demostrar mi talento llegaría en cualquier momento, solo necesitaba recibirla y el resto lo aportaría”, expresó Aquino, el espigado jardinero dominicano, quien en su primer chance estableció gran parte de los récords en jonrones para novatos.

De limitado hablar, que contrasta con sus 6¥3 de estatura y el ruido que provoca el contacto de su bate con la pelota, Aquino se considera un trabajador inagotable, que no importaba el no integrar el equipo grande, pues esos 150 swings diarios formaba parte de su cuota  en busca de estar en el punto para cuando le llegara el chance.

Un hijo querido del sector la Javilla en Sabana Perdida, el tercero de cuatro hijos formado por el matrimonio entre Soterio Aquino y Maritza Núñez, de Aquino, el hoy cuarto bate de los Rojos de Cincinnati tuvo sus primeras enseñanzas de la mano de su primo Spilman Berroa, quien lo educó hasta los 14 años, hasta que sus habilidades fueron refinadas por Amaurys Nina y la Internacional Prospect League.

Caer en las manos de Donnie Ecker, asistente del coach de bateo de Cincinnati, Turner Ward, se convirtió en una bendición para Aquino. Este le varió un poco su forma de pararse en el pentágono y los resultados no se hicieron esperar. Su vendaval jonronero que inició el tres de agosto, tras el primero conectado ante Dallas Keuchel, de los Bravos lo llevaron a dejar atrás a figuras como Frank Robinson, Cody Bellinger, Sammy Sosa, Rudy York, Greg Vaughn, entre bisoños y miembros de los Rojos.

Con la camiseta 44 en la espalda, número  simbólico en Cincinnati por Eric Davis e histórico en la gran carpa por Hank Aaron, Aquino se convirtió amparado en sus jonrones en el foco de atracción de todos los medios, incluso por encima de su compañero Eugenio Suarez y sus 48 .vuelacercas. En total, produjo 47 bambinazos en 495 turnos entre Triple A y las Mayores. Al ser cuestionado por Listín Diario sobre convertirse en un productor  de 50 no titubeo en afirmar que si. “Claro que en una campaña completa puedo alcanzarlo, siempre que pueda mantenerme saludable”, agregó el patrullero, cuyo portafolio también posee un buen brazo.

Ese desde ya se convierte en uno de los principales retos que tendrá en el 2020, campaña que a diferencia de todos los años anteriores será un foco de atención en los entrenamientos de los Rojos.

También reconoce que producto de su desempeño los contrarios buscarán analizar las debilidades, aunque afirmó que estará preparado para cuando esto ocurra vaya a ocurrir. Aunque ahora descansa, comparte con familiares y amigos, pronto se integrará a practicar, pues es el primero en afirmar que ya llegó para quedarse en las Mayores.

Casado con Mariel Mejía desde el pasado enero, aunque con más de tres años de unión, la pareja ha procreado a Dylan Ariel Aquino, de tres años y Arianny Mariel, de solo cuatro meses     

Sus padres, Soterio fue por mucho tiempo chofer de carro público, en tanto su madre, Maritza es ama de casa y visita la iglesia pentecostal. Sus hermanos son Valentina, Amauris y Henry. Maritza, su progenitora, así como Mariel viajaron durante la campaña a verlo jugar en Miami y Aquino se fue profundo en par de ocasiones frente a dos de sus seres más queridos.

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